A UN AÑO DE LA PARTIDA DE EL PROFE AGUIRRE

Mientras escribo una semblanza de Gilberto Aguirre Escobar, El Profe, se palpa aún el dolor entre sus amigos y familiares, por su partida hace un año. No puede ser de otra manera al recordarlo por su calidad humana. 

   Además de destacar los logros profesionales de El Profe, su entrega y carácter firme en el trabajo diario en pro del bienestar de las comunidades en Nicaragua; los reconocimientos en los diferentes ministerios donde fue asignado, tal fue el caso de la presidencia por dos períodos de la Convención Bautista de Nicaragua; su acertada dirección ejecutiva del CEPAD y la ardua labor junto con el Doctor Gustavo Parajón en las Comisiones de Paz; en esta ocasión se imponen en la memoria las imágenes de ese hermano y amigo incondicional que fue.  

   Durante uno de los paseos familiares con él tuve la oportunidad de visitar la hacienda Santa Bárbara, en el municipio de Camoapa, el lugar de su nacimiento un 25 de diciembre de 1944. Gracias a la virtud que tenía de reírse de sí mismo solía recomendar que a nadie se le ocurriera nacer en esa fecha porque la gente sólo da un regalo. De igual manera, acostumbraba presentarse por su nombre: “Gilberto, oriundo de Boaco”; aclarando que ni era Gilberto y no era de Boaco (aludiendo a la supuesta lentitud o falta de viveza de las personas con ese nombre y de los habitantes de aquel departamento del centro del país).  

   Por su capacidad intelectual siempre fue alumno sobresaliente en el Colegio Bautista, mismo centro educativo donde se desempeñó como profesor de Física y Matemáticas, ganándose el aprecio de sus discípulos. La tía Carmen, su mamá, lo inducía con amor a superarse. El tío Juan, pastor bautista, le fue de gran influencia en el diario vivir y en su formación cristiana. Un aspecto a destacar es el orgullo que tenía de sus raíces y la lealtad hacia los amigos. A aquella figura de aspecto fuerte dos veces la observé doblegarse acompañada de unos ojos humedecidos: en los funerales de dos seres queridos que le marcaron en su vida: el tío Juan Escobar Berríos y el Dr. Gustavo Parajón Domínguez. 

   Gozó de la confianza y estima del Dr. Parajón, su amigo y mentor, con quien trabajó a la par desde la fundación del CEPAD en 1972, pasando por múltiples tareas, incluyendo la dirección de Radio CEPAD; a través de cuyos micrófonos nunca cesó en su tarea de educador, transmitiéndonos en cada programa de Orientaciones un fragmento del poema parafraseado, a manera de consejo, de Elías Calixto Pompa, que resonará siempre en nuestros oídos: “Estudia, y no serás, cuando crecido,/ ni el juguete vulgar de las pasiones,/ ni el esclavo servil de los tiranos.” Y concluía con una pequeña porción igualmente parafraseada de una carta de José Martí: “La Patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se le sirve, pero no se la toma para servirse de ella.” 

   Gracias, Profe, por sus enseñanzas. Gracias por la alegría. 

ROLANDO ESCOBAR

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