Comencemos a servir

    Francisco, el pobrecillo de Asís, más recordado por vivir entre los pobres, volverse a ellos, ser uno de ellos; es un claro y persistente ejemplo de humildad de una iglesia cristiana que guarda entre muchos de sus fieles la devoción por el dios de la riqueza.

   El amor a Cristo y a los pobres era para el mínimo y dulce Francisco, como lo nombró Rubén, una misma cosa. Cristo pobre, dado a los pobres, representa el verdadero servicio y la mayor expresión de amor a los demás. Francisco de Asís puso en práctica esa entrega con pasión a la gente humilde, a los leprosos, a los olvidados de la sociedad.

   Fue un hombre que le gustaba cantar, por lo cual fue conocido también como “el juglar de Dios”, y hablaba el lenguaje de la gente, lo que lo hacía fascinante y digno de ser seguido por muchas personas.

   Su aventura tras Jesucristo, al lado de los pobres consistió en repudiar la pobreza y animar a sus seguidores a vivir con alegría desde la pobreza. Este amigo del hombre y la naturaleza, nos confronta ante el mundo en que vivimos, donde la brecha entre ricos y pobres se abre cada día más vergonzosamente. Nos hace un llamado a reflexionar acerca de la destrucción de nuestro mundo a manos de quienes buscan a toda costa la acumulación de riquezas y nos invita a practicar la bondad que nos permita ver el rostro de Jesús en cada hombre y mujer.

   Un 3 de octubre de 1226 murió, a los 44 años de edad. Recordamos sus palabras cristianas: “Cada criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida. (…) Comencemos a servir, lo que hemos hecho hasta ahora es poco y nada. (…) Con cuanto amor puede uno de nosotros amar y nutrir a su hermano en el espíritu”.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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