En defensa de su fe

Poco se menciona la participación y sacrificio de las mujeres en La Reforma Protestante. En España, Isabel de la Cruz, maestra tanto de amas de casa como de profesores universitarios, predicaba desde 1512 las nuevas ideas del movimiento reformador, lo que la condujo a sufrir cárcel y condena.

   Algunas mujeres habitantes de Valladolid y Sevilla se comprometieron al estudio de la Biblia y de los reformadores en sus hogares, y hasta hacían cultos. Leonor de Vivero fue una de aquellas mujeres, reconocida como la matriarca de los herejes. Isabel Martínez de Baena, una dama de gran prestigio, recibía en su casa a los disidentes, “donde se acogían los fieles para oír la Palabra de Dios”,  citaba Cipriano de Valera. Los monasterios no se escapaban de la efervescencia del nuevo movimiento. Famosos por el estudio que los prelados y las monjas llevaban a cabo de los escritos de los reformadores eran los monasterios Santa Clara y San Belén, donde se destacaban las religiosas Marina de Guevara y Catalina de Reynosa.

   La monja Francisca de Chaves se dio a la tarea de escribir un libro sobre los sermones escuchados y añadía sus propias reflexiones, libro que fue de mucha utilidad para que otros se acogieran a las nuevas ideas. La joven cultísima María de Bohorques, de tan sólo 21 años, con esmerada educación que le permitía hablar hebreo y latín, leyó la Biblia y los reformadores, pudiendo defender su fe, rebatiendo las acusaciones de sus torturadores por medio de las ideas del movimiento. Murió debido a los bárbaros tomentos con garrote, estando recién parida.

   La valentía de esas mujeres guarda estrecha relación con algo en lo que ellas creían firmemente: el derecho a la libertad de conciencia, de pensar distinto, por la cual lucharon y entregaron sus vidas.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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