No saber darse a los demás

   El primer lugar entre los tacaños de la historia, lo ocupa Henrrietta, “Hetty”, Green, la mujer más rica del mundo en el siglo XIX. Cuando murió, contaba con 2 mil millones de dólares, pero nunca se dignó a ayudar a un necesitado. Ante una fractura que sufriera su pequeño hijo, no quiso pagar su tratamiento, prefiriendo ingresarlo a un hospital gratuito para gente pobre.

   J. Paul Getty, nombrado por el libro Guinness el hombre más rico en 1966, con unos 2 mil millones de dólares de aquel tiempo. Era tan tacaño que optó por no pagar un chantaje de 17 millones de dólares por un nieto suyo que había sido secuestrado. Los captores le enviaron, vía correo, una oreja del muchacho. Finalmente, Getty acabó pagando sólo 2.2 millones.

   Los hermanos Homer y Langley Collyer vivieron prisioneros del miedo en su propia casa, donde clausuraron las ventanas y la llenaron de trampas contra los ladrones. Les suspendieron el agua, el gas y la electricidad, por no pagar las facturas. Su fortuna, por el orden de los 1.2 millones de dólares actuales, no impidió que al momento de morir en los años 40 del siglo pasado, se encontrara en su casa 130 toneladas de basura y un sinfín de chereques viejos.

   Oliver Cromwell fue tan miserable que mientras fungió como Caballero Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda, en el siglo XVII, prohibió las navidades, pretendiendo convertirlas en celebraciones estrictamente religiosas. Se confiscaron comidas especiales, árboles y cualquier decoración de navidad. Hasta los villancicos fueron prohibidos. Al final, en 1660, Cromwell fue derrocado.

   Estos hombres y mujeres, si en algo cayeron en los excesos, fue en materia de limitar sus gastos. Se les pasó la mano, no encontrando el verdadero sentido de la felicidad, no supieron darse a los demás, por mucho dinero que acumularon.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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