Elena Poniatowska

   El miércoles, 23 de abril, la escritora y periodista Elena Poniatowska recibió en Alcalá, España el premio Cervantes, considerado el Nobel de la literatura española. A sus 82 años esta mujer mexicana, nacida en Francia, pronunció su discurso de aceptación del premio, constituyendo una pieza literaria de extraordinario valor estético que evidencia su compromiso social.

   La autora de relatos valientes y transgresores como Hasta no verte, Jesús mío y La noche de Tlatelolco, vestida con un traje rojo y dorado, regalo de las mujeres de Juchitán, Oaxaca, se dirigió a los presentes con estas palabras: “muchos dioses me han protegido porque en México hay un dios bajo cada piedra, un dios para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la muerte. Contamos con un dios para cada cosa y no con uno solo que de tan ocupado puede equivocarse. (…) Ningún acontecimiento más importante en mi vida profesional que este premio que el jurado del Cervantes otorga a una Sancho Panza femenina que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso, ni Maritornes, ni la princesa Micomicona que tanto le gustaba a Carlos Fuentes, sino una escritora que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio lo hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen a la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan (…) El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos.”

   Elena Poniatowska, con más de cincuenta obras publicadas, nos propone caminar hombro con hombro con “los que van a pie en nuestra región, (…) los más pobres, (…) los que no tienen coche y sí burro”.

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