Hermanos en el fútbol

En el fútbol, como en otros deportes, las llamadas “maldiciones” parecen estar a la orden del día. Y el mundial de Brasil 2014 no es la excepción. Nunca un ganador del balón de oro, un año antes de efectuarse el mundial, se ha alzado con su equipo con la copa mundialista. De manera que si Portugal no resulta campeón en esa competencia, no debería sorprendernos, pues Cristiano Ronaldo se llevó el balón de oro 2013 a su casa. Lo mismo podemos decir de la selección de Holanda, sobre la que pesa otra “maldición”: ser el país que más finales de copas mundiales ha disputado sin haberse coronado campeona jamás.

   Aproximadamente 15 millones de dólares han costado el mundial de fútbol al gobierno brasileño, 77 dólares por cada uno de los 194 millones de habitantes del país suramericano. Pero la cifra aumenta significativamente cuando se toman en cuenta aspectos como construcción de estadios, transporte, aeropuertos, seguridad, puertos y telecomunicaciones, entre otros. De coronarse el equipo de Brasil, obtendrá 40 millones de dólares, y el resto de selecciones, en dependencia de sus posiciones, se distribuirán 460 millones. Estamos hablando de algo que comenzó como un juego, se convirtió en espectáculo y hoy es un negocio, según refiere el ex árbitro de fútbol, Arturo Brizio.

   Las selecciones de los países competidores entrenan contra reloj, algunos jugadores esperan recuperarse de sus lesiones antes del silbatazo inicial. España se concentra en repetir su éxito de ganar otro mundial, aunque ningún país se ha llevado el campeonato dos veces consecutivas, desde 1962.

   El fenómeno social más importante en la actualidad tendrá su máxima expresión en el mundial de Brasil. Durante un mes, por derecho propio, como fanáticos que somos, que sufrimos y nos alegramos, la magia del balompié nos hermanará a millones de seres humanos en el mundo.

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