¿FE EN LA FE?

Aquel concepto de fe, como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, está en desuso en el discurso de los divulgadores de la prosperidad. El evangelio de la prosperidad es el camino para amasar fortunas escogido por predicadores de mensajes positivos en mega iglesias. Según ellos, la fe la obtienen las personas que basan sus creencias exclusivamente en la superación personal. Así, un cáncer o una situación económica de escasez, serían revertidos con sólo pensar positivamente.

Un Dios que actúa de acuerdo a las ideas de los que lo buscan no pasa de ser un empleado disponible en todo momento. Ramón Muñoz, en el periódico El País, señala que, de acuerdo al evangelio referido, el Dios soberano, omnipotente y trascendente de la Biblia, pasa a ser un patético títere de sus propias criaturas, un Dios impotente y limitado. La autoconfianza es la llave que abre la puerta del éxito: parecen predicar los positivistas; mientras el evangelio de Jesucristo, cuyo amor da como un rayo a sus seguidores y los hace entregarse a los demás, permanece oculto.

Conseguir empleo, dinero, salud, auto, casa es el llamado constante de los profetas positivistas; presentando el optimismo exacerbado como un remedio infalible capaz de sustituir la fe. Y si el objetivo no es alcanzado, hay que recurrir a un esfuerzo mayor de optimismo. Este empeño puede durar una vida para el creyente común y corriente, en tanto la prosperidad alcanza exclusivamente al líder de la mega iglesia y su círculo de allegados.

Tener fe no es igual a conseguir fe en la fe, como una virtud nuestra; comienza por reconocer humildemente que ésta viene de Dios, en nuestra búsqueda constante y primordial de su reino y su justicia, ya que lo demás nos será dado por añadidura.

 

ROLANDO ESCOBAR

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