ALABADO SEAS, MI SEÑOR

A propósito del anuncio de la publicación que hará la semana próxima el Papa Francisco, de la encíclica Laudato Si (Alabado sea), en la que señalará las desigualdades originadas por la riqueza de aquellos países que basan su desarrollo en el desperdicio de los recursos, afectando severamente “el hogar compartido que Dios nos ha confiado”; se ha generado una gran expectativa a nivel mundial.

La referida encíclica, servirá para instar al debate en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) a celebrarse en París, Francia, a finales de 2015.

En su encíclica, Francisco hará un llamado a ser colaboradores de la Creación. El documento, cuyo título está basado en la frase Laudato si, repetida en El Cántico de las Criaturas; escrito por Francisco de Asís, entre 1224 y 1225, poco antes de su muerte, recuerda nuestra responsabilidad moral de proteger el ambiente. Aquel viejo cántico es vigente en la actualidad, si estamos conscientes de alabar a Dios en todas la criaturas y las fuerzas de la naturaleza: “Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de nombrarte. Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua, la cual es muy humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal. Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal. Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad…”

ROLANDO ESCOBAR

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