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UNA SOCIEDAD ENFERMA

La sociedad estadounidense, para muchos es ejemplo de virtud en materia de democracia, derrochadora de derechos, pacificadora y justa; es decir, la sociedad ideal. Y, por si fuera poco, se ha creído con el derecho mesiánico de salvar al mundo entero, a toda costa. La realidad es que padece una seria patología que va aumentando día a día. En esta sociedad la desigualdad campea, la brecha entre los más ricos y los más pobres se ha convertido en un hecho intolerable.

El politólogo y sociólogo argentino, Atilio Boròn, ofrece algunos elementos para reflexionar al respecto. En un artículo señala con claridad, que parte de la desigualdad e injusticia en Estado Unidos se observa fácilmente en un dato: hacía década que policías blancos no mataban tantos negros en las calles de aquel país. Todo esto, debe entenderse, es expresión de la escandalosa plutocracia (Poder en manos de los más ricos) que caracteriza el sistema imperante en el país del norte.

En su análisis, el escritor argentino apunta que la enfermedad de la sociedad estadounidense se manifiesta en las sintomatologías siguientes: la proporción de adictos a cualquier clase de droga que no tiene comparación en el mundo, de ahí la motivación del negocio del narcotráfico; y la predilección por asesinatos masivos a escolares, gente en los cines, de afroamericanos en una iglesia, de gente en un shopping, de estudiantes en su universidad y de gays en un bar.

Todo hace indicar que el fin que persigue el asesino psicópata es matar por matar o buscar su momento de gloria. Que quede claro, este comportamiento característico de una sociedad enferma no es aislado, es una manifestación constante de su patología; lo que se confirma al leer unos datos difundidos por la BBC de Londres: “en el año 2015 hubo en Estados Unidos 372 balaceras masivas, que mataron un total de 475 personas e hirieron a 1.870.”

La cronicidad del problema de la sociedad de Estados Unidos se retroalimenta de la constante sed de violencia de sus gobiernos, violencia que hoy observamos en Oriente Medio y Asia Meridional. Esta política despierta en algunos de sus ciudadanos un fuerte deseo de venganza.

Recientemente fue el tiroteo en una universidad en Los Ángeles, luego ocurrió el asesinato en La Florida, de una cantante mientras firmaba autógrafos; y hace poco la matanza de 50 personas y 53 heridos en una discoteca. Y, como complemento, el pastor de la Iglesia Bautista de la Verdad, el homofóbico Roger Jimenez, también quería su momento de gloria cuando predicaba y fomentaba el odio desde el púlpito, al avalar el asesinato de las personas en Orlando, tachándolas de sodomitas y todo cuanto se le ocurrió.

El nivel de locura en la sociedad estadounidense es grave, no parece mejorar. Es un indicativo de que allí los cimientos para una convivencia civilizada se han deteriorado dramáticamente.

ROLANDO ESCOBAR

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