OJALÁ NUESTROS PROPÓSITOS PARA 2018…

Cada inicio de año muchas personas piden bendiciones, por supuesto de la económica preferentemente, como si se tratase de actos de magia que presagian prosperidad. Pero hay otras que se plantean propósitos tales como rebajar de peso; abrir los ojos para ver la injusticia y luchar contra esta; desarrollar un gran corazón de cara a dar amor a los hijos, hijas, esposos y esposas; y dejarse guiar por la luz de Jesús para alumbrarse por el camino del bien. Sobre dichas intenciones un grupo de teatro de una iglesia amiga desarrolló una presentación el fin de 2017.

De la misma manera, hay quienes hacen sus análisis de inicio de año; eso sí, con cierto toque de desenfado. Tal es el caso del poeta Rudyard Kipling, quien en un chispeante autoexamen humanamente sincero nos dice lo siguiente en sus Propósitos de año nuevo:

“He decidido que durante todo el año

aparcaré mis vicios en el estante.

Seguiré un camino más piadoso y sobrio

y amaré a mis vecinos como a mí mismo,

excepto los dos o tres de siempre

a los que detesto tanto como ellos me odian.

He decidido que votos como estos, aunque

formulados con ligereza, son difíciles de mantener.

Por tanto los acometeré poco a poco,

no sea que mis recaídas acaben por hundirme.

Un voto al año me sacará del paso

y comenzaré con el Número Dos.”

Ojalá nuestros propósitos para 2018, a diferencia de los de Rudyard Kipling, adquieran la seriedad respaldada por nuestro compromiso; pero, eso sí, que como él podamos mantener encendida la llama de la alegría. Ojalá no renunciemos a la esperanza, y al amor; y que las nubes negras de la intolerancia y el miedo se alejen cada día más. Que seamos capaces de reírnos de nosotros mismos sin permitirnos siquiera dejar de echar a volar la imaginación, para que nunca muera la creatividad. En fin, que podamos alcanzar la plena libertad.

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