ESTALLARÁ LA PAZ SOBRE LA TIERRA

La estela de sangre y dolor que desde el 18 de abril dejan los acontecimientos en Nicaragua, proviene de la escalada de violencia cuyo resultado a la fecha es de casi 130 muertes y más de mil heridos, según informó el secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrao. A esto hay que añadir el impacto psicológico y físico en nuestra sociedad, la que debe ser atendida adecuadamente.

La realidad en nuestro país se vive contra la ley de la naturaleza, que nos hace comprender el hecho que los hijos deben enterrar a sus padres. Pero aquí no sucede así. Por cuanto la mayoría de los fallecidos en los sucesos actuales son jóvenes, ocurre que los padres entierran a sus hijos. La naturaleza se ve forzada a equivocarse. De esa manera se cumple la frase famosa del historiador y geógrafo griego Herodoto: “En la paz, los hijos entierran a los padres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres entierren a sus hijos.”

Como padres y abuelos deseamos que nuestros hijos y nietos nos cierren los ojos. En tanto, ante los corazones de nuestros compatriotas desolados y acribillados por el asesinato de un hijo o hija, los cristianos contamos con las energías para llevarles consuelo y fortaleza. Disponemos fundamentalmente de la oración para clamar porque vengan días de paz. Aspiramos a eso, como bien lo destaca Jorge Carrera Andrade, en su poema “Hombre Planetario”:

“Vendrá un día más puro que los otros:

estallará la paz sobre la tierra

como un sol de cristal. Un fulgor nuevo

envolverá las cosas.

Los hombres cantarán en los caminos,

libres ya de la muerte solapada.

El trigo crecerá sobre los restos

de la armas destruidas

y nadie verterá

la sangre de su hermano.

El mundo será entonces de las fuentes

y las espigas, que impondrán su imperio

de abundancia y frescura sin fronteras.

Los ancianos tan sólo, en el domingo

de su vida apacible,

esperarán la muerte,

la muerte natural, fin de jornada,

paisaje más hermoso que el poniente”

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