Unos 20 mil marines están desplegados en Afganistán, a raíz de la invasión a ese país, en 2001, liderada por los Estados Unidos. Cuando se valora la ratificación de la salida de las tropas de combate extranjeras, para 2014, las fuerzas de ocupación gringas se han empecinado en realizar actos de torpeza que no parecen acabar. Para algunos analistas se trata de una gran torpeza cultural. En lo que va del primer trimestre del año en curso, mes a mes las tropas estadounidenses han atropellado los más profundos sentimientos del pueblo afgano. En enero, un grupo de marines apareció en un video, orinando sobre los cadáveres de varios hombres afganos.
En febrero se dio la quema de ejemplares del Corán en el complejo militar de la OTAN en Bagram. Hay que recordar que los musulmanes ven en el Corán la Palabra de Dios y le brindan el máximo respeto. Profanar dicho libro significa para ellos una de las más grandes blasfemias.
El domingo, 11 de marzo, un soldado estadounidense asesinó a 16 civiles de Afganistán, entre quienes se contaban niños y ancianos. Este hecho ocurrió en el sur, en Kandahar.
Las autoridades del país asiático manifiestan haber perdido la paciencia con los invasores. El presidente de aquel país, Hamid Karzai, calificó este último hecho como imperdonable.
Las protestas y reacciones violentas de ese pueblo no se han hecho esperar. Era algo anunciado.
No obstante, los intereses para la economía estadounidense en la región, la extracción de petróleo y gas natural podría verse afectada por las torpezas de la fuerza invasora. El riesgo que se corre es que las protestas y las acciones antiestadounidenses se intensifiquen.
Lo cierto es que las tropas de ocupación, lideradas por los Estados Unidos, no deben permanecer ni un minuto más en tierra afgana.