El sabor que dejó la pasada Semana Santa fue de mucha actividad religiosa, ese tipo de eventos que nos hacen creer que con el hecho de recordar la muerte y resurrección de Jesús somos fieles a Él, y estamos en comunión con el Padre. Pero todo ese ritual en el culto no pasa de ser eso: una conmemoración dolorosa. La verdadera celebración del creyente debería consistir en seguir los pasos de Aquel que lo mataron por poner en práctica la solidaridad con los débiles, aquellos a los que los poderosos desprecian. Y fueron precisamente quienes ostentaban el poder, quienes negaban con sus acciones a Dios, los que mataron a Jesús. Si no se ve de esta manera la muerte de Jesús, no pasa de ser una simple evasión, algo que se ha ganado el título de “Opio de los Pueblos”.
Jesús tenía un su modo de ser que representaba una abierta oposición a aquellos que ocasionaban opresión al pueblo. Por consiguiente, el mensaje del Hijo de Dios es este: meternos en la historia, como Él lo hizo. Estar siempre a favor de la vida, de los olvidados, los maltratados, los sospechosos; pues era amigo de los pobres, los enfermos, los pecadores; costara lo que costara. Así que no muere por error, sino por enfrentar al sistema opresor de entonces.
Muchas veces este Jesús que está en contra de la injusticia y que muere precisamente por oponerse a ella no nos ha interesado como iglesia. Por eso es que se dice que “una iglesia que no es perseguida tiene que cuestionarse con quien está, y si de verdad ha tomado en serio al Jesús histórico”; a nuestro hermano que lucha día a día con nosotros para que seamos dueños de nuestro propio destino y que resucitó para traernos esperanza.
Dr. Rolando Escobar – Así Pensamos