Generalmente tenemos la tendencia de confundir el amor con el deseo, sin tener conciencia de que del deseo surge el sufrimiento. El amor existe por sí mismo y no por otras personas. Eso de decir: “mi vida no vale nada sin ti”, “te necesito”, “eres mi felicidad”, es puro engaño de nuestra mente; es una forma de egoísmo, en tanto el significado de esas frases es: eres mío, estoy apegado a ti, de ti depende mi felicidad. Un pensador hindú decía que deberíamos decir a quien verdaderamente amamos: “Así, sin los cristales de los deseos, te veo como eres, y no como yo desearía que fueses, y así te quiero ya, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me quieras”.
Decimos amar a una persona, no como es, sino como deseamos que sea. El joven enamorado o la joven enamorada se desmorona cuando la realidad sobre la persona supuestamente amada se derrumba, y aquel se da cuenta de que todo estaba en su imaginación. Y vienen la desconfianza, el miedo a que los sueños se vengan abajo. También puede presentarse el miedo a que la otra persona se desilusione de nosotros. De ahí que el alimento perfecto para el enamoramiento sean las ilusiones.
“¿Cuanto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exaltación de cuando llega el amigo, es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha…”.
“Cuando desaparecen los recuerdos, los prejuicios y las visiones subjetivas, entonces ya fluye el amor (…) Y el amor no sabe de deberes ni de gratificaciones, porque el amor es libre y gratuito”.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS