Según el analista Eddy MacDonald Torres, los tiempos del oeste, de revólveres y recompensas, que se creían olvidados, han cobrado vigencia en la actualidad para “el emperador de la posmodernidad”. Resulta que el gobierno de los Estados Unidos ha puesto precio a la cabeza de Edward Snowden, ex analista de la CIA, que filtrara información acerca de programas de espionaje masivo por parte de la tenebrosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a millones de estadounidenses; además de contar con un programa secreto que le permite ingresar directamente a un sistema donde aparecen detallados los países blancos de espionaje, habiéndose espiado representaciones de la Unión Europea y la Organización de Naciones Unidas.
La paranoia del gobierno estadounidense parece no detenerse, llegando a faltar al derecho internacional con el secuestro en Europa del presidente de Bolivia, Evo Morales, con el argumento de que en el avión en que viajaba el presidente iba a bordo el joven estadounidense Snowden.
Los grandes medios de comunicación han demonizado a Snowden, restándole importancia al contenido de sus filtraciones. Primero fue Julian Assange, fundador de WikiLeaks; después apareció el caso del soldado gringo Bradley Manning, acusado de brindar información sobre campos militares en Irak y Afganistàn, al develar las barbaridades perpetradas por las tropas estadounidenses en esos países; y hoy ha iniciado un nuevo capítulo, con el informante Edward Snowden.
Existe una gran inconformidad en la juventud estadounidense contra su sistema, expresó el presidente Maduro, de Venezuela. Snowden confirma esto cuando dice: “No estoy aquí para esconderme de la Justicia. Estoy aquí para revelar delitos”; mientras el soldado Manning confesaba que filtró información secreta “para reparar las injusticias cometidas” por su país”.
En esta novela que bien podría titularse SE BUSCA, los “terroristas buenos” pretenden ser intocables, mientras los valientes que denuncian la injusticia son demonizados, encarcelados y torturados.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS