“Agua
la brisa
ha perdido
su norte
y se desliza
en manada
desde los manantiales
y pozos
del cielo.
Estoy
en un mundo
que silenciosamente
se agota
que muere
como un niño
desvalido
sin nadie
que
lo
acune.”
En este poema, Gioconda Belli nos hace reflexionar acerca de lo malos administradores que hemos sido con respecto al llamado del Señor, de que veláramos por la creación. Este vergonzoso proceder, se puede calificar como pecado medioambiental.
Los humanos no hemos tenido la capacidad de detener la emisión de los gases de efecto invernadero que están transformando el clima cada día que pasa; la excesiva utilización de tierras para producir cultivos que generen energía (biocombustible); la insistente búsqueda de gobiernos poderosos, de reservas de carbón, petróleo y gas; dan cuenta de cómo hemos enfermado el planeta. Y si para algunos todo esto está anunciado en la Biblia, como el final de los tiempos; en ese anuncio lo que hay que destacar es que desde aquellos tiempos ya se veían venir las consecuencias de la desobediencia del hombre hacia Dios.
Hoy conocemos del hambre en África del Norte, las grandes inundaciones en Norteamérica, el alto riesgo de que desaparezcan países que son islas, como consecuencia del cambio climático. ¿Acaso nos olvidamos de nuestra responsabilidad como mayordomos de lo creado y pasamos a creernos sus dueños? En el día mundial del medio ambiente, a celebrarse el 5 de junio, consideremos qué acciones positivas podemos implementar, que sean una medicina para este paciente, la Madre Tierra: sumarnos a campañas de limpieza, sembrar árboles, reciclar, etc.; no olvidando que las iglesias pueden crear “misiones ambientales”, como una categoría en el trabajo misionero, en la confianza de que nuestro Padre sanará su creación, incluyéndonos a nosotros.
Nuestro llamado es a vivir el evangelio cuidando de la creación, demostrando así nuestro amor a Dios y al prójimo.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS