Los tres postulados básicos de la Reforma Protestante son: Sola escritura, sola fe, sola gracia. Los pastores, profetas y apóstoles de los tiempos modernos proclaman con sus engaños una era de oscurantismo. Mediante sus actos de magia han hecho creer que gracias a sus aparentes poderes provenientes de una vida en comunión estrecha con Dios son capaces de ejecutar el truco más difícil, el cual ellos mismos denominan milagro. Se venden como cualquier mercancía, sea que le pongan la etiqueta de explosión de milagros o la anuncien con el conocido pregón: “¿Va a querer su milagro?”. Han acomodado para su conveniencia los conceptos: sola escritura, sola fe, sola gracia; por sólo crean en mi, el ungido, el intocable de Dios.
Una mujer llegó al cajero de un banco a cambiar un cheque. El cajero llamó al responsable de seguridad en ese momento, le pidió a la mujer que le mostrara su identificación. La mujer sin salir aún de su asombro, le respondió: “Pero Ernesto… ¡si soy tu madre…!” Este relato no debe ser tomado a la ligera. Lo mismo nos ocurre cuando queremos ver al hombre y milagros por todos lados; y no conseguimos encontrar a Dios por ningún lado.
Lo que se presenta como algo que es producto de la fe, resulta ser que es una fantasía ofrecida por los prestidigitadores de la fe barata. De esta manera ocultan el rostro de Dios que está en los humildes, los desamparados, los sin techo, los que tienen hambre; esos a quienes sacarles un centavo como ofrenda es pecado. Es a nosotros que el Señor nos manda a satisfacer sus necesidades por cuanto ahí los tenemos; sólo que los mentirosos del evangelio a quienes hemos hecho referencia, los ocultan con sus shows. No va con tales engañadores el asunto de la Reforma Protestante.
Dr. Rolando Escobar – Así Pensamos 31 de octubre 2011