Segundo domingo de adviento

 

 Ayer estuvimos reflexionando en la Palabra que trae vida en abundancia. Ayer fue el segundo Domingo de Adviento. Concluíamos entonces que todos los días son adviento porque en el día a día podemos palpar que Dios está viniendo. Se hace ver en los compañeros de trabajo, en los niños que no cuentan con el amor de sus padres, en la lucha del campesino por hacer producir la tierra, en la calle, en la hermandad, en la unidad aunque seamos muy distintos. Muchas veces la espera desespera. 

Pareciera que nunca vendrá la justicia. Tenemos que revestirnos de paciencia, mientras vamos colaborando en la construcción del Nuevo Reino, el Reino de justicia y hermandad.

   Necesitamos la luz de Jesús para que se iluminen nuestras vidas. Hemos andado todo este tiempo sólo en oscuridad. Ya se anuncia el momento de conocer la verdad. Esta verdad es algo concreto, no una simple palabrería. Tendrán pan los hambrientos, las viudas conocerán la solidaridad, los enfermos serán visitados, nosotros serviremos al necesitado. “Un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia”: en eso creemos.

   Ayer encendimos la segunda vela de adviento, como quien enciende la luz de su casa para esperar al compañero que viene a visitarnos. Estábamos en mucha sombra. Cada vez que encendemos una vela nuestras vidas se iluminan, nos hemos llenado de esperanza y de gozo con la luz de Jesús. Se tendrá que hacer justicia con los marginados, los que están solos, y los que tienen hambre. También ellos estarán felices. El Señor Jesús es la verdadera luz del mundo que anuncia consuelo y paz para toda la humanidad. Dios ha escuchado nuestra oración y ha venido a acompañarnos. Dejemos la tristeza, para recibirlo con alegría porque el amor viene a brillar entre nosotros.

Dr. Rolando Escobar – Así Pensamos del 5 de diciembre 2011

 

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