Estado laico, marco de convivencia democrática

El principio de laicidad del Estado mexicano, tiene como objetivo recuperar la autonomía de lo político frente a la religión; la garantía de preservar la pluralidad y evitar el avasallamiento y preponderancia de una religión sobre otra, así como libertad religiosa como esencia de la sana laicidad; fueron unas de las conclusiones que se presentaron en el cierre del seminario “Religiones y Laicidad en el México Moderno. Análisis y desafíos sobre el tema de Estado Laico” el pasado 1 de diciembre del 2011 en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Las organizaciones convocantes fueron: Observatorio Eclesial, Católicas por Derecho a Decidir A.C. (CDD), Centro de Estudios Ecuménicos (CEE), Centro de Estudios Sociales y Culturales, Antonio de Montesinos (CAM), Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), Secretariado Social Mexicano (SSM), Colectivo Alas, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), Comunidad Teológica de México, Libertades Laicas, Foro Intereclesiástico Mexicano A.C, Republica Laica y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Puntualizaron también la importancia y la necesidad de fortalecer los principios de la laicidad, ante el próximo proceso electoral en México. 

La Declaración final del seminario analiza que las religiones han sido históricamente vehículos de valores y principios que han coadyuvado a la humanización de las culturas y las sociedades…Sin embargo, cuando han sido cooptadas por los poderes dominantes, las religiones y las iglesias se han vuelto también factores de violencia, exclusión y discriminación.

"En un régimen laico, el Estado se propone salvaguardar todas las religiones, y permite a todas y todos sus ciudadanos la libertad de ejercer o no cualquiera de ellas, resguardando al mismo tiempo que no se imponga ninguna…La laicidad es por lo tanto un bien ético y cultural que es necesario resguardar, defender y promover positivamente como una herramienta para el fomento: del diálogo social, contra el fanatismo y el anatema inquisitorial; de la convivencia democrática, contra el autoritarismo y la imposición de cualquier grupo; de la tolerancia pasiva (aceptación del ‘otro’ diferente) y sobre todo la activa (capacidad de aprender de y crecer con ese ‘otro’ diferente) contra la condena fundamentalista y la violencia."

Finalizan invitando a todas las iglesias,  a las asociaciones religiosas, y a la ciudadanía en general, a que defiendan y promuevan con convicción el carácter laico del Estado mexicano, que se define como la armonización, en diversas coyunturas socio-históricas y políticas, de tres principios: 1) respeto a la libertad de conciencia y de su práctica individual y colectiva; 2) autonomía de lo político y de la sociedad civil frente a las normas religiosas y filosóficas particulares; 3) igualdad de todos y todas ante la ley, así como no discriminación directa o indirecta hacia los seres humanos (Declaración Universal de la Laicidad en el Siglo XXI, Art. 4º).

Fuente: Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC) – 7 de diciembre 2011

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