El 4 de mayo se celebra el Día de la Dignidad Nacional. Es un día de fiesta nacional, pero no por lo que hizo José María Moncada, al haber entregado las armas a cambio de unos cuantos regalos, permitiendo que continuara el mismo gobierno de aquella época, impuesto por los gringos. Sino por la gesta patriótica de Augusto Sandino quien, junto a sus soldados, demostró que Nicaragua “tiene hijos que la aman”.
Este día es considerado el más importante de las efemérides de la historia moderna de Nicaragua. Mientras aquel 4 de mayo se firmaba el pacto bajo la sombra de un árbol de Espino Negro, creyendo los firmantes que todos los hombres entregarían sus armas, el General de Hombres Libres no aceptó la rendición, pasando a conformar el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional para combatir a las tropas interventoras estadounidenses. La guerra civil pasó a ser una guerra de liberación, por la soberanía nacional y la autodeterminación.
Como un continuador de la gesta de la guerra contra el invasor en 1854 y de la posición digna de Benjamín Zeledón, Sandino reta al imperio demostrando la dignidad nacional, no sólo de Nicaragua, sino de América Latina, convirtiéndose en una figura que lucha por la libertad de la Patria Grande Latinoamericana.
Al final, en enero de 1933, las tropas norteamericanas estaban abandonando territorio nicaragüense. No es casualidad que en sendas placas de bronce, incrustadas en la pared izquierda del Salón Histórico del Pentágono, Estados Unidos reconoce sus dos derrotas militares en el siglo XX: Nicaragua y Vietnam.
Tenía que ser un nica, Augusto Sandino, el que demostrara al mundo la vulnerabilidad de la potencia del norte; hasta ganarse el respeto y la simpatía entre los suyos y más allá de las fronteras de su patria, Nicaragua.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS