En Paraguay ha ocurrido una de las acciones más antidemocráticas de los últimos años: el golpe de estado perpetrado por el parlamento de aquel país, por medio del cual se destituyó al presidente Fernando Lugo, sacerdote y sociólogo electo popularmente, que promovió una liberación social para su pueblo.
Ya los golpes de estado al viejo estilo han quedado en desuso, esos en los que las fuerzas armadas irrumpían en el escenario político, se tomaban ministerios, establecían el toque de queda, partidos políticos quedaban fuera de toda legalidad, se violaban los derechos humanos y se asesinaba a adversarios políticos. Hoy el procedimiento es más sutil: siempre con el mismo argumento de salvar a la patria de conspiraciones comunistas que hoy se traducen en socialismo del siglo XXI, se hace uso de argucias legales, respaldado por organizaciones civiles, la burguesía, las transnacionales y partidos políticos aliados con el objetivo de retomar el poder.
Algo de esto le ocurrió al presidente Lugo, de quien algunos dicen que lo único que hizo fue poner la otra mejilla. Todo hace indicar que la historia de lo que se ha dado en llamar Golpes Blancos, comenzó en Honduras, cuando el presidente Manuel Zelaya fue transportado en paños menores, en la madrugada, a Costa Rica. Dicho sea de paso, en Honduras, a partir del golpe en 2009 fueron asesinados centenares de campesinos, 70 abogados que llevaban casos de muertes de campesinos y 23 periodistas vinculados a medios que apoyan la resistencia.
No queda duda que el golpe de estado paraguayo se suma a los denominados golpes quirúrgicos, en los cuales los mismos de siempre, los que pertenecen al pasado, que sueñan con hacer desaparecer todo lo que huela a conquistas populares, aunque menos sanguinarios, siguen actuando como lo que son: profundamente antidemocrátas.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS