A pesar de anteriores sucesos trágicos en: Columbine, en 1999; Virginia Tech, en 2007; Fort Hood, en 2009; Tucson, en 2011; pocos días atrás, en Tuscaloosa, Alabama, donde resultaron heridas 17 personas en un bar, a manos de un hombre que disparó desde una ventana; y el viernes pasado la matanza en Colorado, el acceso a la adquisición legal de armas en los Estados Unidos no cuenta con un control estricto. Por el contrario, en los últimos veinte años el apoyo para controlar las armas ha disminuido en un 34 por ciento.
Parece ser que en el país del norte la sensación de fuerza y poder, como resabio de una vieja mentalidad, crea aún más inseguridad entre sus habitantes. Según las autoridades, en los sucesos de Colorado se descarta un complot terrorista. Pero el joven ex estudiante de medicina, James Eagan Holmes, que irrumpió en la sala de cine Century 16, en Aurora, sembró el terror, armado hasta los dientes con un rifle de asalto con cargadores de cien balas, escopeta, dos pistolas semiautomáticas, un chaleco blindado y una mini bomba de gases lacrimógenos.
La sociedad norteamericana está regida por la Segunda Enmienda a la Constitución, que desde 1791 dice: “Una milicia bien regulada, necesaria para la seguridad de un estado libre, el derecho del pueblo a mantener y portar armas no deberá ser infringido”. 47 por ciento de los estadounidenses tiene un arma en su casa. Uno de los regalos preferidos para Navidad en aquel país son las armas.
Ninguno de los dos fuertes candidatos a la presidencia de los Estados Unidos: Obama ni Romney, se han pronunciado sobre la necesidad de regular la posesión de armas personales. Ojalá la polémica no se diluya en remembranzas, y que, de una vez por todas, el saneamiento comience por casa.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS