Si buscamos a Dios, lo más seguro es que está donde ni siquiera lo imaginamos. ¿Lo encontramos en el día o en la noche?. De un libro de relatos extraigo lo siguiente: Preguntó un gurú a sus discípulos si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día. Uno de ellos dijo: “Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo”. “No”, dijo el gurú. “Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un limón”. “Tampoco”, dijo el gurú. “Está bien,”, dijeron los discípulos, “dinos cuándo es”. “Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara de una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces sea la hora que sea, aún es de noche”.
Cuando vivimos en la noche, nos preocupa sobremanera imaginar lugares que nunca nadie ha visto, como el cielo y el infierno; elaboramos juicios de otras personas, las criticamos por el simple hecho que no comulgan con nuestras creencias.
Le intrigaba a la congregación el que su rabino desapareciera todas las semanas la víspera del sábado. Sospechando que se encontraba en secreto con el Todopoderoso, encargaron a uno de sus miembros que le siguiera. Y el “espía” comprobó que el rabino se disfrazaba de campesino y atendía a una mujer pagana paralítica, limpiando su cabaña y preparando para ella la comida del sábado. Cuando el “espía” regresó, la congregación le preguntó: “¿Adónde ha ido el rabino? ¿Le has visto ascender al cielo?”. “No”, respondió el otro, “ha subido aún más arriba”.
Siempre más arriba está Dios. Más arriba de nuestros sentimientos mezquinos, egoísmos y miserias humanas Ahí es donde a Él lo encontramos.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS