Feria del Maíz

La belleza del paisaje matagalpino, el extenso verde y un trayecto agradable por un buen camino eran los ingredientes necesarios para disfrutar del viaje.

   Al fin llegamos a nuestro destino, Samulalì, Matagalpa. Unos llegaron en vehículos particulares, otros en un bus alquilado donde venían hermanos de diferentes regiones del país. Todos convocados por una sola causa: dar gracias al Señor por la cosecha de maíz. Los bailes regionales no se hicieron esperar y una piñata que aguardaba por los cumpleañeros asistentes a la actividad.

   Si la comida sobreabundó, y el compañerismo; y después, por si hubiera sido poco, más comida: güirila, elote, rosquillas, yoltamal, atol, y cuajada y crema, etcétera, etcétera, etcétera; es porque estábamos en la atolada, reuniones famosas en Matagalpa donde se da cita mucha gente y se comparten los productos que produce la tierra. Tengo una amiga en San Dionisio, municipio de aquel departamento, que recibe a unas 2 mil personas cada año en ocasión de la atolada. Pasan el día y la noche disfrutando en grande.

   En el recorrido por la finca CEPANA, en Samulalì, donde nos acogieron, los visitantes sembraron 300 árboles, conocieron un bosque y se presentó la oportunidad de recibir una charla por parte de uno de los hermanos especialistas de la finca, quien habló de los diferentes proyectos que se impulsan allí, y de uno en especial: una planta purificadora de agua que abastece la propiedad, con el objetivo, más adelante, de embotellarla y comercializarla.

   Para nuestro regreso, las hermanas que cocinaron nos aliñaron algo para el camino, por si a esas alturas nos quedaba algún huequito en el estómago. No está de más decir que aquella fue una demostración de que los ahí presentes nos caracterizamos por ser hermanos de buen comer. Dimos gracias a Dios por todo.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

 

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