Recientemente tuve en mis manos un documento que serviría como material de estudio para un debate sobre participación político-social, entre jóvenes de varias universidades. En el documento se refleja que, según estadísticas en Nicaragua, la juventud considera que, después de la familia, la iglesia es motivadora para que el joven adquiera un compromiso social.
Por supuesto que si esto fuera cierto, es un honor, pero también supone una gran responsabilidad por parte de las estructuras eclesiásticas para garantizar que esa confianza que los muchachos y muchachas pudieran tener en la iglesia católica, evangélica o de otra religión, no se desvanezca.
Debemos confesar humildemente que no todos los jóvenes encuentran en los espacios religiosos, eclesiales y teológicos el Evangelio de Jesús. Y así va aumentando el número de ellos que ansía una iglesia sencilla, humilde, comprometida y más cercana a todos; no esa que se diluye en un discurso fuera del contexto social de nuestro tiempo.
Muchos jóvenes nunca han escuchado de los grandes ejemplos de la iglesia de los pobres que surgió en las bases, ni las propuestas siempre frescas de Boff, Cámara, Romero, Coblin, Sobrino por una iglesia comprometida hasta con su vida por el Evangelio.
Hoy, el individualismo que se observa de una manera más clara en las iglesias que funcionan sobre la base del consumo y el mercantilismo, deja su huella en las nuevas y no tan nuevas generaciones.
El reto que tenemos es hacer que la juventud perciba en nuestra voz una voz profética, como algo que caracterice a nuestras iglesias, iglesias luchadoras a la par de los olvidados, los marginados, los sin esperanza. De esta manera, nos haremos creíbles y estaremos proclamando el mensaje vivo, el mismo que proclamó el Señor Jesucristo, transmitiendo esperanza a quienes en Él hemos creído.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS