Se ha puesto de moda andar viendo señales divinas por todos lados. Quienes en esto creen han caído en la trampa de simplificar el Evangelio a una suerte de adivinación del final de los tiempos, cuando lo más importante es que nos comprometamos con la construcción de un mundo mejor en el cual el amor logre que se acaben las guerras, se detenga el daño medioambiental y que los hombres y mujeres nos veamos como hermanos.
A raíz de la emanación de gases del volcán San Cristóbal, el 8 de este mes, algunas personas comenzaron a echar a volar su imaginación hasta las nubes, las que para ellas fueron adquiriendo forma de un ángel o de la virgen María. Otras supuestas señales no se hicieron esperar, pues a inicios de esta semana, de nueva cuenta el cielo, por si quedaba alguna duda, lanzaba otra vez divinos presagios. Las redes sociales compartieron la histeria colectiva. Fotos y mensajes anunciaron el fin del mundo, acompañados del temor por lo desconocido.
La palabra bíblica se repetía una y otra vez: “y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales en el cielo…..” Se habló de que a escasos tres meses de que el mundo se acabe, según el Oxlajuj Baktum o calendario Maya y quienes se aventuraron a descifrarlo, ya es hora de preparar las maletas para el viaje sin retorno.
Esto me hace recordar al poeta salvadoreño, Roque Dalton, quien escribió: “Una religión que te dice que sólo hay que mirar hacia arriba y que en la vida terrenal todo es bajeza y ruindad, que no debe ser mirado con atención, es la mejor garantía para que tropieces a cada paso y te rompas los dientes y el alma contra las piedras rotundamente terrenales”
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS