Al releer el artículo de María López Vigil: Otro Dios es Posible, surgen nuevas reflexiones sobre aquello en lo que hemos creído: “Semper reformata”.
Partiremos de algo que no se puede pasar por alto: nuestra cultura religiosa está basada en el miedo. Esto es así desde la Conquista, cuando las prácticas religiosas fueron impuestas por la espada. De ahí nos viene que creamos que Dios, el Todopoderoso, nos mira con autoridad de castigarnos al menor desliz, y, para colmo, está en todas partes controlando nuestros pasos y fiscalizándonos; y no para acompañarnos cariñosamente en todo momento, dispuesto a perdonarnos. De esa manera, nuestra vida religiosa, lejos de ser una vivencia del día a día, se convierte en una expresión sumisa; ya que la basamos en el premio-castigo, comenzando por creernos permanentemente culpables, pecadores o sucios.
Hemos creído también que Jesús mismo es alguien parecido a un ser que, bajando del espacio, se estableció en la tierra, como un superhéroe. Jesús, con su proyecto, que comprendía la lucha y consolidación de El Reino de Dios, se enfrentó a los poderosos de su tiempo: sacerdotes y gobernantes, dio su lugar a las mujeres y propuso defender el amor antes que el odio, la justicia, la paz y la igualdad.
En ocasión de celebrar la Reforma Protestante, nos preguntamos: ¿reformar qué? Reformar nuestra propia manera de ver y de pensar, comenzando por replantearnos el concepto que tenemos de Dios, el papá de Jesús y de nosotros, que “es capaz de transformar la historia, los miedos de la vida personal y la injusta sociedad en la que sobrevivimos”. Reformarnos nosotros mismos hasta convencernos de que ser seguidores de Jesús es comprometernos sin miedo con su mensaje, aquí y ahora; en este mundo y en este tiempo. Entonces sí estaremos siendo cristianos y cristianas.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS