Dejarnos afectar por los «buenos»

   El viernes pasado reflexionábamos acerca del legado de los mártires de la UCA de El Salvador, quienes cumplieron 23 años de haber sido asesinados por tomar en serio el camino de Jesús que es el camino de los crucificados de este mundo. Ellos vieron a sus hermanos del pueblo y se preguntaron qué hacer para bajarlos de la cruz. El precio que aquellos jesuitas pagaron fue sus vidas.

   Uno de ellos, Ignacio Ellacuría insistía en que “hay que elegir entre una civilización de la pobreza -afín a una civilización del trabajo- y una civilización de la riqueza -afín a una civilización del capital. Ésta, que predomina en el mundo, ha generado una civilización gravemente enferma. Aquélla, la que hay que construir, puede revertir la historia y sanar la civilización”.

   En efecto, el llamado que nos hacen los mártires de la UCA es a ser honestos con nosotros mismos, que nos hacemos llamar cristianos. “No les ha ido bien a aquellos cristianos que han intentado seguirte de veras, Jesús de Nazaret”: advierte el sacerdote Ramón Aguiló. Si hemos creído en el evangelio, debemos estar claros de lo que trata ese evangelio: ganar o perder la vida, esa es la cuestión. Y para ello se tiene que pasar por desenmascarar la mentira que la sociedad ha establecido, no callar ante la injusticia, pasar el mensaje de liberación a los pobres, vivir y trabajar junto a ellos en la construcción de un país más justo e igualitario.

   ¿Qué nos toca por hacer? Seguir a quienes siguieron de verdad a Jesús. Ellos nos animan a entregarnos por los desposeídos de este mundo, los preferidos de Dios. Ya lo dijo un teólogo salvadoreño: En definitiva, dejarnos afectar por “los buenos” y los santos en nuestro hacer, y más profundamente todavía en nuestro ser.

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