«Asombrados e incrédulos reaccionan los campesinos cada vez que ven la movilización y presencia de docenas de dragas, cargadores, vagonetas, tractores, niveladoras y compactadoras. Y es que la escena es inusual en un área donde, solamente muy de vez en cuando, aparece maquinaria tan gigantesca como una draga»: se leía en el diario La Nación, de Costa Rica, haciendo referencia a los trabajos de construcción de la carretera costarricense, paralela al río San Juan.
El daño medioambiental de gran impacto producto de esa obra, ha afectado a por lo menos 600 especies, ha contaminado el río, ha alterado la biodiversidad, con riesgo para las poblaciones locales; según un estudio reciente elaborado por el Centro de Investigación para los Recursos Acuáticos de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, el Centro Humbolt y la Fundación del Río.
Con la excusa del gobierno tico de que con el proyecto de la carretera de unos 120 kilómetros de longitud se evitará que los pobladores y la Policía ticos tengan que hacer uso del río San Juan para su desplazamiento, se autorizó su construcción. Lo que nunca se dijo fue que tal pretensión abriría un episodio sin precedente en cuanto a relaciones e impactos medioambientales se refiere.
Ya se han producido inundaciones del río, ocasionando caída de puentes y destrucción de tramos de la carretera; con el consecuente daño a las localidades ticas aledañas. Los mismos ticos saben que el San Juan, tarde o temprano, se tragará la carretera.
El ex vicepresidente de Nicaragua, Jaime Morales Carazo, ha calificado de “ecocidio” tal destrucción medioambiental. El río San Juan fue declarado por la UNESCO, patrimonio de la humanidad. Es responsabilidad, no sólo de Nicaragua, sino de todos los estados pertenecientes a las Naciones Unidas el cuido de ese recurso natural, que es un regalo invaluable de la naturaleza.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS