Cuando asistimos masivamente a un concierto, a una concentración política o a los balnearios, dejamos las huellas de nuestra incultura: tiramos la basura con la absoluta certeza de que vendrá alguien y la recogerá. Lo mismo sucede en las calles de nuestra Nicaragua, vamos aventando, sin la más mínima preocupación, bolsas y desperdicios a diestra y siniestra, seguros de que pasará el recolector de la basura de la comuna a recoger lo que hemos botado.
Más que depositar nuestras esperanzas en contar con ciudades más limpias mediante la instalación de basureros, como está ocurriendo en la capital, donde la Alcaldía viene instalando cinco mil recipientes de basura en espacios públicos, lo importante es que se produzca un cambio de mentalidad en la población, respecto a vivir en un ambiente limpio.
La Alcaldía de Managua, el Movimiento Ambientalista Guardabarranco y unos 200 trabajadores por cuenta propia, se han planteado como objetivo sensibilizar a la población: transportistas, universitarios, y los mismos trabajadores para alcanzar una cultura de cuido y protección del medio ambiente. No sólo con el fin de darle una mejor imagen a la ciudad, sino para prevenir enfermedades, porque donde prolifera la basura se atenta contra la salud, ya que ahí surgen focos de plagas, como las ratas y zancudos.
El problema de la proliferación de la basura no le corresponde resolverlo exclusivamente a las alcaldías, es un problema de todos. Tiene que ver con un cambio de actitud que comienza en cada uno de nosotros.
Los managuas pretenden seguir los ejemplos de Jinotepe, Nagarote y Nueva Guinea, que en diferentes momentos han sido los municipios más limpios. Esto se logrará cuando cada ciudadano adquiera la responsabilidad de declararle la guerra a la basura, optando por una cultura de limpieza, y esta cultura nos contagie a todos.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS