Ya vamos finalizando febrero, mes designado para celebrar el amor. En la literatura universal existe un destacado exponente del tema del amor: Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, Gustavo Adolfo Bécquer, de quien el pasado 17 de febrero se celebró el 177 aniversario de su nacimiento. Este poeta español perteneciente al movimiento del Romanticismo, no sólo fue poeta, también fue narrador y pintor, a pesar de que un tío paterno le pronosticó que no sería nunca un buen pintor, sino un mal literato.
La musa de Bécquer fue su cuñada, la cantante de ópera Julia Espín. El poeta decía que el amor era su única felicidad. A pesar de sus sentimientos, no logró que Julia se quedara con él, puesto que a ella no le simpatizaba la vida de bohemio que llevaba Bécquer, mucho menos que le pareciera el hecho de que no era famoso. En efecto, en su tiempo fue moderadamente conocido. Fue hasta después de su muerte que adquirió prestigio. Él mismo diría, mientras agonizaba: “Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.
Cuando fallece Bécquer, un amigo suyo: el pintor Casado del Alisal, propuso a los asistentes al funeral publicar las obras del poeta. A su amigo lo movían dos razones: honrar al amigo fallecido y ayudar económicamente a su viuda e hijos. De manera que, a Casado del Alisal le debemos la gloria de Bécquer; sino, sería un perfecto desconocido.
De Gustavo Adolfo Bécquer se ha dicho que escribió una poesía sonora, cadenciosa, breve y a veces seca, brotada del alma, que hiere el sentimiento con una palabra y huye.
“-¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú”.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS