La primera vez que supe del sacerdote holandés Theo Klomberg fue cuando recibíamos una clase, y un profesor nos lo llevó para que compartiera con nosotros su experiencia desde su fe y lo que opinaba de la religión. Recuerdo que el padre Theo entró al salón de clase con su figura delgada, aparentemente frágil. Y, después de un silencio, lo primero que dijo firmemente fue que llegaba a hablarnos de la iglesia católica romana, el poder más grande sobre la faz de la tierra. Así era el padre Theo: directo, valiente, provocador.
La semana pasada falleció a los 83 años. Era un hombre que vivió lo que predicaba. Estaba convencido de que el individualismo es anticatólico, que el cristiano tiene que rozarse con los pobres. No tenía ninguna riqueza, a pesar de haber nacido en el primer mundo. Se había venido a Latinoamérica a compartir con los demás. Theo vendía periódicos para su sustento, de calle en calle, en la Colonia 14 de Septiembre, en Managua. La gente lo veía como uno de ellos. Un cura del pueblo, un cura pijudo, según el vocabulario popular.
“El cristianismo es el humanismo, el sentimiento y el sentido humano de la solidaridad”: manifestaba el padre Theo. Por ese convencimiento suyo participó en muchas jornadas acompañando al pueblo nicaragüense: la alfabetización, solidarizándose con las madres de los caídos, programas para niños en riesgo, proyectos campesinos, en fin: un trabajo social a favor de los más necesitados; permaneciendo metido en el pueblo “no para hablar por los pobres, sino desde los pobres, viviendo como ellos”.
Permanecerá en nuestra memoria ese cura del pueblo que afirmaba que su héroe era Jesucristo, quien lo convocaba a participar en tantas tareas de solidaridad hombro a hombro con nuestra gente, en pro de una convivencia libre, fraterna y digna.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS