¿Para qué orar?

 Orar no es pura emoción o tradición. José Argüello, en una recopilación que hizo en su libro Al Encuentro con Dios, de oraciones de todas las épocas; refiere en la introducción, que se espera que la iglesia orante al comunicarse con Dios lo haga “con los ojos bien abiertos hacia los retos que plantea hoy nuestro mundo. Oraremos de cara a la paz y la guerra, la injusticia social y la crisis ecológica”. Y en uno de esos escritos, el Padre Gregorio Iriarte nos explica para qué orar:

“Le pedí a Dios muchas cosas

para disfrutar en la vida,

y Dios me dijo: Te he dado la vida

para que disfrutes de muchas cosas.

Le pedí a Dios que me diera riquezas,

y Dios me dijo: Te he dado capacidades y fuerza

suficiente para que tú

mismo las ganes con tu trabajo.

Le pedí a Dios que me diera salud.

Y Dios me dijo: Tantas medicinas

hay en el mundo para garantizar tu salud.

Le pedí a Dios que me diera el éxito

en los exámenes,

y Dios me dijo: Te he dado inteligencia, memoria

y voluntad para que, por

ti mismo, triunfes en la vida.(…)

Le pedí a Dios que me librara del sufrimiento

y Dios me dijo: Los sufrimientos

te dan el verdadero sentido de la vida

que siempre es precaria, débil y fugaz.Para eso tienes mi gracia.(…)

Le pedí a Dios que me ayudara

a amar verdaderamente al prójimo

como Él nos ama.

Y el Señor se sonrió y me dijo: Muy bien, por fin

estás entendiendo

lo que es la oración…..

La verdadera oración no es

para obtener regalos del cielo,

sino para lograr la fuerza interior necesaria

que nos lleve a asumir plenamente

nuestras responsabilidades ante Dios,

ante el prójimo

y ante nosotros mismos”.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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