«Un besar azul que recibe la tierra»

Con las primeras lluvias me dejo llevar por los versos del poema famoso Lluvia, de Federico García Lorca: 

“La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante. 

   Admiramos el respeto a la naturaleza que han practicado a lo largo de su existencia los pueblos originarios de nuestra tierra. Una comunidad indígena en Acatlán, México, para estas fechas sale de sus casas, rumbo al cerro El Cruzco a rendir honores a la naturaleza, con rezos, flores, comida y peleas de hombres tigre; rituales de fe y fuerza para que venga la lluvia, y la cosecha de maíz sea abundante.

   Cómo olvidar los relatos bíblicos alrededor de la lluvia: cuando Elías oró para que lloviera; el siempre temido diluvio en el cual “fueron rotas todas las fuentes del grande abismo y las cataratas de los cielos fueron abiertas”; la séptima plaga de Egipto, una combinación de granizo y fuego; las bondades de la tierra prometida, “tierra de montes y de valles, que bebe el agua de la lluvia del cielo”; las palabras confiadas del salmista: Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la Tierra”; o el tremendo pasaje apocalíptico:  “Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento”.

Lluvia que trae vida y alegra el espíritu. 

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres”
.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

 

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