Los cristianos nicaragüenses tenemos el deber de conocer la palabra y el testimonio del Padre Azarías Henri Pallais: vibrante orador, poeta, compañero de los necesitados, un verdadero hijo de Dios.
Las misas las oficiaba conversando con la gente, denunciando proféticamente la injusticia. A los tiranos, ricos, falsos cristianos explotadores y poderosos de la iglesia, a quienes llamaba ciudadanos de la ciudad maldita, les anunciaba: ¡Muchos publicanos y meretrices os precederán en el reino de los cielos!”. También los denunciaba de esta manera: “los poderosos están siempre a las maduras y los pequeñitos a las duras" “En el festín de Jaroca, el pueblo pone las viandas y el alcalde la boca”. "¡Los humildes murieron en el campo de batalla y los señores que no habían peleado son ahora ministros!”.
Cuando falleció su madre, Jesús Bermúdez de Pallais, Azarías recibió una jugosa herencia. En pocos meses no tenía nada, todo lo había entregado a los pobres, a quienes alfabetizaba desde su adolescencia y con quienes comía en el mercado, organizaba paseos y viajaba en la góndola del tren. La misma suerte corrió el dinero obtenido de un premio de lotería que se sacó siendo cura de Corinto en cuya casa cural daba cobijo a prostitutas, borrachos, vagos y limpiabotas, cediéndoles su catre para dormir en su escritorio, no importándole si al día siguiente le habían robado algo, pues no tenía llaves, ya que decía que las llaves eran invento del demonio.
Cuánto necesitamos del fuego renovador de testimonios como el de Azarías H. Pallais, que con su vestimenta humilde y confundido entre los necesitados nos sigue recordando que “Siempre, es la posibilidad de abrir el surco: la visión reposada de la vuelta de la siembra: ya vienen, austeros y risueños, los sembradores en la hora solemne del crepúsculo, mientras queda la semilla en las entrañas de la tierra”.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS