Pablo resume el evangelio con tres afirmaciones: Cristo murió, fue sepultado y resucitó (15:3-4). A la primera agrega dos aclaraciones: murió "por nuestros pecados" y "según las escrituras". La segunda queda sin más comentario: la sepultura de Jesús es prueba de que realmente murió, y por ende que realmente resucitó. Pablo amplía la tercera con tres frases: "resucitó al tercer día, según las escrituras, y que se apareció a Cefas" y a otras personas mencionadas (15:4-8). Pablo mismo es el último a quien el Resucitado se presentó igual que en los casos anteriores. En resumen, aquí el evangelio se define por esos tres hechos históricos: la muerte redentora de Jesús (viernes santo). su sepultura (sábado santo) y su resurrección (domingo de gloria), confirmada por muchos testigos oculares. Por eso, negar la resurrección de Jesús es negar el evangelio y anular su poder para salvación (15:2,14-17; Rom 1:16).
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