Recién ha finalizado la jornada de celebraciones en homenaje a los 70 años de vida y 50 años de carrera artística de Sergio Ramírez. Por coincidencia, después de mucho tiempo, en estos días volví a leer su cuento El Centerfielder.
Ramírez, según sus propias palabras, comenzó “escribiendo poesías, como es la regla, pero me pasé a la minoría, porque en Nicaragua la regla es la poesía, y los que escribimos narrativa somos muy pocos. Nos contamos con los dedos de las dos manos. Yo preferí la narrativa como una forma de referirme a la realidad del país,…”.
Con más de una treintena de libros, con títulos como: Castigo Divino, Un Baile de Máscaras, Margarita Está Linda La Mar; el escritor masatepino nos brinda algunas ideas sobre lo que implica escribir. Dice: “Uno lo que escribe en los libros son mentiras, pero deben ser mentiras bien contadas, en las que se pueda creer a ciegas. "Esto me pasó a mí también", dice el lector, y uno recibe entonces su corona de triunfo porque se ha hecho acreedor a la credibilidad ajena”.Para el escritor “su primer mandamiento es precisamente ése, "no aburrirás"(al lector). Ese mismo lector al que es necesario atrapar, antes de atrapar al asesino”.
Continúa Ramírez: escribir es una necesidad. “Por eso es peligroso contarle secretos a un escritor, porque las confidencias irán a terminar en un cuento, o en una novela. La ética de la escritura es aprovecharlo todo, un oficio ajeno al desperdicio”.
Sergio Ramírez, grande entre los grandes de la literatura, viene a decirnos a sus 70 años que aún le queda mucho camino por recorrer en el oficio de escribir, que es “Un regalo del cielo, y también un regalo del infierno, que te da la facultad extraordinaria de ver lo que otros no ven”.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS