María la del Magnificat

Encerrar a María sólo en el papel de Madre-Virgen no revela mucho de sus cualidades verdaderas. De igual manera, limitarla a un enfoque que presenta una mujer sumisa y obediente, no es una fiel descripción de su personalidad.

   Nosotros no comulgamos con la idea de que María es esa gran señora, sentada en su trono celestial, muy distante, por cierto. Tampoco estamos de acuerdo con la excesiva exaltación de su función maternal, otorgándosele un perfil poético. Desde la visión evangélica latinoamericana podemos descubrir a María, mujer que conoció en carne propia la pobreza, el exilio y la opresión. En su alabanza que se conoce como El Magníficat, dijo lo siguiente: “Dios actúa con poder y hace huir a los orgullosos. Quita a los poderosos de sus tronos, y da poder a los pobres. Da cosas buenas a los hambrientos, pero despide a los ricos con las manos vacías”.

   Lo que hay que resaltar cuando nos referimos a María es que estamos hablando de una mujer sabia, que tuvo la capacidad de tomar grandes decisiones cuando tenía que hacerlo, aún en situaciones difíciles. Como ella son las mujeres de nuestros países, dignas y luchadoras. Ella fue grande en su fe, amiga de Dios, discípula y compañera de camino de su hijo. También dijo en aquel himno: “Le doy gracias a Dios con todo mi corazón. Y estoy alegre porque Él es mi Salvador”.

   Pedro Casaldàliga escribió un bello poema: “María de Nazaret, esposa prematura de José el carpintero, aldeana de una colonia siempre sospechosa,” (…) “indiecita masacrada de El Quiché, favelada de Río de Janeiro, negra segregada en el Apartheid, harijan de la India, gitanilla del mundo; obrera sin cualificación, madre soltera, monjita de clausura; (…) María nuestra del Magníficat, queremos cantar contigo, ¡María de nuestra Liberación!”.

Dr. Rolando Escobar – Así Pensamos

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