Mil Lázaros

   ¿De qué nos serviría acumular bienes y riquezas? ¿Acaso no ocurre con frecuencia que entre más tenemos más nos olvidamos de nuestro prójimo? Al respecto, calzan perfectamente algunos apuntes que hiciera Gregorio de Nisa, en el tercer siglo de la era cristiana. Con la inteligencia y el corazón fervoroso que lo caracterizaba, ponía el dedo en la llaga en sus discursos. Decía: “¡Pongan, pues, medida a sus necesidades vitales! No piensen que todo es suyo. Que haya también una parte para los pobres y amigos de Dios. Pues la verdad es que todo es de Dios, Padre universal. Y nosotros somos hermanos de una misma familia. Y los hermanos han de entrar por partes iguales a la herencia, si queremos ser justos”.

   Como era de esperarse, Gregorio fue expulsado de su diócesis. Pero, a pesar de las adversidades, se mantuvo firme en su fe. Junto con su hermano, Basilio, contribuyó a desarrollar la doctrina de la Santísima Trinidad.

   Lo que sigue de Gregorio nos hace pensar, entre otras cosas, en algunas iglesias ostentosas: “Y mientras hay todos esos lujos dentro de casa, ahí a la puerta están tendidos mil Lázaros. Unos, cubiertos de úlceras dolorosas, otros con los ojos arrancados, otros que gimen por la herida de sus pies. Pero gritan y no se les oye, pues lo impide el sonido de la orquesta y los coros de cantos espontáneos y el ruido de las carcajadas. Pero si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rincón un portero infame del amo cruel, y los echa a palos, o llama a los perros y los azota en las mismas heridas”.

   En Nicaragua, donde las necesidades son muchas; y una minoría de la población goza de grandes privilegios, las reflexiones de Gregorio de Nisa son vigentes.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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