«Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras»

  Hemos escuchado en programas radiales y televisivos que se habla de Dios como una mercancía; y así lo ofrecen, al mejor postor. Se llega al descaro de poner como requisito para elevar una oración por una enfermedad o situación económica adversa, una contribución monetaria. Si uno no saca dinero de los bolsillos, no hay tal comunicación con ese Dios que nos presentan tan lejano y que parece sólo atender con el brillo del oro.

   Esos son inventos de la modernidad religiosa. Grandes maestros profundamente bíblicos, de los primeros siglos del cristianismo, como Columbano, enseñaban algo muy diferente. Decía él que Dios, en su inmensidad está cerca de cada uno de nosotros. Por lo tanto, no hay que buscar intermediarios para que se lo busque y se le encuentre. “El Dios que buscamos”, afirmaba Columbano, “no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presenciaHabita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de Él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.

   Agustín, otro gran maestro de aquella época, hablaba con el Señor, sin intermediario, de esta manera:“Señor, ¿dónde te hallé para conocerte (porque ciertamente no estabas en mi memoria antes que te conociese), dónde te hallé, pues, para conocerte, sino en ti mismo, lo cual estaba muy por encima de mis fuerzas?”.

   Ojalá no sintamos nunca el deseo de ofrecer dinero para que algún oportunista pretenda engañarnos con sus supuestos poderes mágicos que le permiten contactar al Dios Altísimo. Ojalá podamos hacer nuestras las palabras de Agustín: “Toda mi esperanza descansa sólo en tu muy grande misericordia. "Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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