Alrededor de los sucesos que se narran en los evangelios acerca de los últimos acontecimientos ocurridos a Jesús, se ha enseñado una historia en metáfora para algunos, impalpable para otros. Hay hechos concretos que cambian la perspectiva y que tienen que ver con lo que viven hoy, día a día, millones de hombres y mujeres en el mundo. Jon Sobrino, escribió un artículo en 1982, pero es válido en este tiempo.
Desde la visión tradicional, el contenido de los relatos sobre la muerte y resurrección de Jesús no pasa de ser una noticia abstracta e idealista, la verdad es que cristianamente es una buena noticia concreta y actual. Lo vivido por Jesús crucificado se comprende desde los crucificados de la historia. No se trata de hacer a un lado el doloroso sacrificio de nuestro hermano mayor, ni de restarle importancia al hecho colmado de esperanza de la resurrección. Lo que se pretende con esta reflexión es ahondar en el significado para la humanidad. Dios estuvo al lado del crucificado, por ello hay esperanza para los crucificados de la historia. El justo, el santo, fue el que“predicó la venida del reino de Dios a los pobres, denunció y desenmascaró a los poderosos, fue por ellos perseguido, condenado a muerte y ejecutado, y mantuvo en todo ello una radical fidelidad a la voluntad de Dios y una radical confianza en el Dios a quien obedecía. (…) No hay que olvidar que son hoy millones en el mundo los que no simplemente mueren, sino que de diversas formas mueren como Jesús “a mano de los paganos” (…) mueren la lenta crucifixión que les produce la injusticia estructural.
(…) la resurrección de Jesús es esperanza en primer lugar para los crucificados. Dios resucitó a un crucificado, y desde entonces hay esperanza para los crucificados de la historia”.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS