Un saco lleno de misericordia

Bernardo es un Padre de la Iglesia. Vivió entre 1090 y 1153. Disfrutaba del estudio de la Biblia, el silencio y la oración. En uno de sus sermones más conocidos nos habla de la misericordia de Dios; de que en su humanidad el Señor asume nuestra frágil condición humana, y que entre más Él baja al dolor y la muerte, más brilla su amor y misericordia por nosotros.

   “Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne”, explica Bernardo, “y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne?”.

   Dios es amor, y ese amor lo manifestó al asumir nuestra miseria. “Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de él”.

   Tanto amor es el de nuestro Dios, que quiso que su nombre se sumara al título de hombre. Ya basta de preguntarnos por qué tenemos que sufrir tanto, preguntémonos por qué sufrió Él. “De lo que quiso sufrir por ti puedes concluir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo”.

   Y con ese amor viene todo lo demás, lo que le place a Dios darnos. Las promesas son enviadas; no retrasadas, sino concedidas; no más profetizadas, sino realizadas. Nuestro Padre “ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que si bien es pequeño, está totalmente lleno”.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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