Tengo una paciente que cada vez que pasa consulta conmigo se abre para conversar acerca de sus inseguridades y conflictos en su vida personal, los cuales se reflejan en su hogar, trabajo y vecindario. Aún no he logrado hacerle comprender que no tiene que sufrir más, que la solución la tiene ella misma. Cuánto deseo que deje el arsenal de pastillas para los nervios y dolores de todo tipo, pero no es tarea fácil. Lleva toda una vida programada para sufrir.
Al respecto, un conferencista dijo que cuando nos dejamos programar por las demás personas, reaccionamos como robots. De nuestra espiritualidad, del amor y de la comunicación hemos permitido que se haga una programación. “Cuando una persona te ofende sin motivo, tan programado estás tú como ella, por dejarte ofender, porque las dos reacciones son igual de absurdas e irreales. Ocurre que cuando estás dormido, te molestan las personas que están dormidas, porque la programación del otro afecta la tuya, te la recuerda, y eso es lo que más te molesta, aunque no quieras reconocerlo. Si cuando un niño o un mono te hacen una mueca, reaccionas enfadándote, señal de que eres tan niño o tan mono como ellos”. Busquemos nuestra libertad hasta encontrarla. El amor es nuestra esencia, no da cabida a programaciones ni adoctrinamientos. Vivir libres, mejor que un rey, es ser dueño de uno mismo, no dejándonos llevar ni por persona ni situación alguna.
Yo, como mi paciente, algunas veces he sufrido las secuelas de la equivocación de mi mente, sin darme cuenta de que la felicidad siempre estuvo en mí; sin percatarme de la sabiduría en las palabras de aquel famoso conferencista: “En vez de alfombrar todo el mundo para que no tropieces, es más fácil que te calces unas zapatillas”. Tu propia felicidad son esas zapatillas.
Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS