El Venado Brujo

   Las noches en Santo Domingo, Chontales, centro de Nicaragua, son propicias para sacar a la luz relatos que parecieran extraídos de la imaginación de quienes los cuentan, mientras otros les hacen ruedas. Los narradores describen aquellas aventuras con lujo de detalles, haciendo gestos exagerados para dar énfasis a sus palabras, dando fe de que lo expresado por ellos es la pura verdad.   Cuentan que en noches de luna llena, después de una lluvia, salen los venados a pastar y a beber agua en los arroyos, momento oportuno para darles alcance con las balas de las armas de cacería.

   Los cazadores, cuyo objetivo en sus misiones nocturnas es llevarse al menos uno de aquellos trofeos, deben tener una consideración mientras andan en sus faenas: nunca olvidar que se pueden topar con un mentado Venado Brujo, ser místico merecedor del respeto de todo aquel que se precie de ser llamado cazador. Ocurre, según se dice, que el tal Venado Brujo no se rinde ante las balas, permanece vivo y, después de siete disparos, se abalanza contra su enemigo hasta matarlo con las coces que emergen de sus puntiagudas patas.

   En las narraciones que se suceden se van exponiendo más testimonios de las barbaries cometidas por aquel misterioso personaje que, de acuerdo a lo que se cuenta, ha matado a más de un prójimo, de esos que se han quedado a esperar la muerte del animal, en lugar de correr, recibiendo como recompensa, toda su furia vengativa destinada a los asesinos de su especie.

   Probablemente esos relatos surjan del miedo a lo desconocido, oculto por la noche, de donde se develan misterios en la mente del campesino. Quizás se trate de un interesante cuento ecologista que se transmite de boca en boca para que quienes lo escuchamos tomemos conciencia del respeto que se merece la naturaleza que habitamos.

Dr. Rolando Escobar – ASÍ PENSAMOS

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